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Médicos yageceros se pronuncian sobre el uso de la medicina ancestral

  • 9 ene 2020
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 10 jun 2024



La Unión de Médicos de la Amazonía Colombiana (UMIYAC) que reúne líderes indígenas y sabedores de los cofán, inga, siona, koreguaje y kamsä biya, publicaron un comunicado dirigido a la academia, investigadores, organizaciones no gubernamentales, agencias humanitarias y de desarrollo, Naciones Unidas, Organización Mundial para la Propiedad Intelectual, estudiantes, trabajadores y la sociedad civil internacional, sobre la apropiación, el abuso y la comercialización indebida de la planta sagrada del yagé, de las tradiciones autóctonas, practicas y saberes.


El yagé, conocido en Perú como ayahúasca, nombre con el cual se ha venido popularizando en todo el mundo, es una de las medicinas ancestrales propia de algunos pueblos de la región amazónica suramericana, en la cual Colombia tiene gran parte de su territorio. Los pueblos que tradicionalmente han practicado el uso ritual del yagé son conocidos como pueblos yageceros. Se trata de una bebida preparada con dos plantas de la selva: la banisteriopsis caapi, la que se conoce propiamente como yagé, ayahuasca y otros nombres y una segunda planta que puede ser la psychotria viridis, conocida como chacruna u otra de efectos similares como la diplopterys cabrerana. La primera posee harmina y tetrahidroharmina, un alcaloide beta-carbolina que actúa como inhibidor de la monoamino oxidasa, la misma que en forma natural bloquea la acción del componente psicoactivo dimetiltriptamina (DMT), el cual se produce de manera natural en plantas y animales, entre ellos el mismo cerebro humano.


El interés del mundo occidental en los efectos del yagé es bastante antiguo. Los primeros europeos que invadieron el continente durante el siglo XVI lo conocieron y de manera violenta lo persiguieron, lo que hizo que los ancestros indígenas lo ocultaran, como sucedió con muchos otros tesoros religiosos, espirituales y tradicionales indígenas y africanos. Sin embargo, aparece descrito por misioneros católicos especialmente en la región del Putumayo. Posteriormente botanistas franceses exploraron la Amazonia brasileña, colombiana, peruana y ecuatoriana en búsqueda de plantas medicinales y descubrieron los efectos del yagé y otras, que comenzó a generar un interés internacional, el mismo que fue obstaculizado por la presidencia de Ronald Reagan con su llamada guerra contra las drogas, que tanto mal ha causado.


La fama del yagé, así como de otras medicinas ancestrales no sólo del Amazonas sino de otras latitudes, de ser curativo de enfermedades psicológicas, psiquiátricas y de permitir la apertura a un despertar de la conciencia, ha hecho que miles de personas de todo el mundo viajen al Amazonas en su búsqueda. Así como con el peyote entre México y Estados Unidos que terminó siendo la meca de grupos hippies y buscadores de conciencia, al punto de ponerlo en peligro de extinción, el yagé vive hoy por hoy una historia similar.


Quienes viven la experiencia, algunas veces de curacas bien experimentados, muchas veces de charlatanes bien entrenados, terminan confundiendo lo que el espíritu de la planta enseña y se designan a sí mismos como los mesías elegidos con la misión de distribuir yagé por todo el planeta. Con esta idea se encuentran chamanes en lugares tan lejanos del Amazonas como Australia, Asia, Europa y, por supuesto, los Estados Unidos.


El clamor de los sabedores de las tradiciones ancestrales del Amazonas es pertinente:


Hay jóvenes indígenas que se acercan a la medicina de yagé con superficialidad,

no poseen sabiduría, no conocen la planta pero salen de las comunidades, lejos

de los ojos de las autoridades espirituales, para presenciar ceremonias asumiendo

indebidamente el rol de médicos tradicionales. Se disfrazan con plumas y collares

y se hacen llamar taitas, palabra que además, solo quiere decir “padre” y es un

termino de respeto comúnmente usado en comunidades del pueblo Inga. El

objetivo de estas personas es buscar ganancias a toda costa, poniendo en riesgo

la salud espiritual e incluso, hasta la vida de sus propios pacientes.


Es importante apoyar a los pueblos indígenas y defenderlos de las tendencias de un mundo del consumo, la banalidad y la vanidad. Al mismo tiempo, es importante reafirmar que es la planta la Maestra, la que en realidad enseña y dirige a quien a ella se acerca con respeto y deseo de superación.


Puedes ver el texto completo de la declaración:

 
 
 

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