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Regreso a Escultorpa Llaqtan, el pueblo de los escultores

  • 28 sept 2022
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 7 jun 2024

El autor, basado en sus años de estudio de las esculturas en piedra del Pueblo Escultor (a menudo mal llamada “cultura agustiniana” o “cultura de San Agustín”), profundiza en el significado que transmiten las imágenes de la estatuaria del Macizo, y repasa la historia de la escultura en piedra en América –de los mitos, los patrones y las ocurrencias allí representadas– vista a través del lente ofrecido por la estatuaria del Pueblo Escultor. Los sentidos fundamentales codificados dentro de esa narración nos permite seguir los caminos históricos de las imágenes y de los personajes que las esculturas revelan, y vincular las imágenes con manifestaciones artísticas más tempranas, finalmente con sus orígenes a lo largo de América. Las Estatuas del Pueblo Escultor representa una importante contribución al estudio del gran arte antiguo americano, y demuestra que fue sin igual la visión americana plasmada en piedra en el Macizo Colombiano.

San Agustín y el Macizo Colombiano

Por David Dellenback, 2012.



San Agustín – Huila — Le he querido dar esa construcción lingüística quechua como nombre al pueblo de San Agustín-Huila en virtud de su riqueza arqueológica, inspirado en las palabras del estudioso estadounidense y residente en dicha región, David Dellenback, quien ha llamado a todos esos restos antiguos como Pueblo de Escultores (ver entrevista en Todo lo que hay, 2013). Al recorrer gran parte del sudoriento colombiano, que comprende una vasta zona andino-amazónica rica en biodiversidad y la huella de pueblos ancestrales por doquier, siento de alguna manera una cierta influencia quechua. Por alguna razón, los viejos invasores europeos le dieron a esta pueblo el nombre de San Agustín, que nos remite al santo obispo de Hipona – quizá sea por las disertaciones teológicas de Agustín acerca de las imágenes como en sus Cuestiones sobre el Heptatéuco, en las cuales hace la exégesis bíblica sobre las mismas: «Resulta sencillo adscribir a los diversos ídolos a esta interpretación. El propio San Agustín así lo hace, al decir que esta prohibición se extiende a toda imagen que cumpla con una función ídolátrica» (Javier Velásquez-Castellanos, 31 December 2004, p. 149). También es sencillo enlazar la referencia de la teología agustiniana como un mantra evangelizador sobre las esculturas, con la presencia de los frailes agustinos y, muy especialmente del obispo colonial español de Popayán, Fray Agustín Gormaz Velasco (1507- 1589), históricamente de buena fama como protector de los indígenas, hablante de náhuatl por su paso por México y quien tuvo incluso problemas con los gobiernos coloniales españoles por su defensa de los indígenas. A pesar de ello, con todas las buenas intenciones de misioneros católicos o protestantes, antes o ahora, el propósito del acercamiento a las cosmogonías indígenas no tenía como meta su estudio y protección, sino su destrucción ontológica para imponer las maneras culturales europeas. La imposición de nombres cristianos a lo largo y ancho de las Américas, tenía el claro propósito de borrar o «exorcizar» lo que conquistadores y colonizadores no comprendían, temían y despreciaban.

Tanto la arqueología como la antropología contemporáneas, siguen aún las rutas trazadas por el eurocentrismo, el cual quiere ver los elementos culturales solamente a través del filtro epistemológico europeo o – si usamos un término controversialmente amplio: occidental. En el Escultorpa Ilaqtan (usaré este término quechua para referirme al «Pueblo de las Esculturas»), es posible evidenciar un conflicto evidente entre una diversidad de interpretaciones sobre las imágenes, entre las cuales las percepciones occidentales pretenden prevalecer sobre la misma cosmogonía indígena. Las intenciones de leer a las culturas mundiales desde el punto de vista europeo, es tan antiguo como la aventura colonial que comenzó con el encuentro europeo con los pueblos de las Américas. Los conquistadores europeos (no sólo los españoles o portugueses), vieron en los pueblos de los demás continentes imperios, reinos, castas reales, religiones juzgadas a partir de conceptos monoteístas del Levante y organizaciones sociales y arquitectónicas que eran comparadas con ciudades medievales mediterráneas. Esto los llevó, en el éxito de sus dramáticas conquistas y avasallamiento de nuestros ancestros, a buscar por ejemplo al Dios Creador con vistos monoteístas entre nuestras antiguas cosmogonías indígenas que les permitiera introducir al Dios abrahámico y a determinar lo que era «bueno y malo», «santo y satánico», «civilizado y salvaje», «superior e inferior», «humano y animal» y un largo etcétera de dualismos y opuestos obedientes a la lógica convulsa del medioevo europeo. Evidentemente las estatuas del Escultorpa Ilaqtan debieron causar en esos primeros europeos que las conocieron, lejos de una gran admiración e interés, una gran preocupación y desprecio al ver imágenes antropomorfas que se mezclan con figuras animales. Especialmente en la Europa medieval, el problema de los animales es visto a través de un simbolismo arduamente negativo y bíblico: La serpiente, el lobo, el gato y por antonomasia los felinos (como el jaguar), los reptiles, las aves rapaces y muchos otros, tenían una representación teológica negativa en contraposición a animales «santos» como las palomas, el águila, el caballo y otros de gran importancia al mundo europeo. Para nuestros ancestros, en cambio, los animales no tenían tal dualismo de «bueno – malo», sino que era una relación más estrecha, más compartida en donde el jaguar y el cóndor tenían una conciencia y una participación activa en el mundo humano y de los dioses que se acoplaba a la cotidianidad y a los ciclos de la vida. «En la cultura maya prehispánica el jaguar se asociaba con diversos aspectos como el poder, la muerte, las prácticas chamánicas, el cielo nocturno, el inframundo, pero también con la agricultura y la fertilidad» (ver Balam, el jaguar en la cultura maya). Esto quiere decir que un tótem animal puede ser positivo o negativo, conveniente o inconveniente, reflejo del alma que busca la sabiduría o no, como dice Jonathan Birdwhisle Tahamí en su cuento sobre la Creación del Mundo: «El jaguar habita en el corazón de la manigua. No es ni bueno, ni es malo, porque es un cazador y quien se encuentra con un cazador tiene que tener suerte de no parecer una presa».

Es, entonces, la cosmogonía ancestral indígena la que prevalece al momento de hacer un intento de interpretaciones de las estatuas del Escultorpa Ilaqtan, así como de la rica geografía, hidrografía, antropología y arqueología de esta rica región colombiana que tiene un impacto cultural, ancestral y espiritual de alcance global y de las Américas. David Dellenback menciona que las estatuas del Escultorpa Ilaqtan son en realidad un pago a la Madre Tierra por la gran riqueza hídrica de este Macizo Colombiano y que posiblemente los antiguos pobladores en más de 5 mil años de habitación, no vivían en lo alto de la montaña, considerada sagrada, sino en las tierras bajas, de donde subían para dejar las estatuas como dones a la Pacha Mama, para enterrar a sus más notables líderes y para rendir tributos y fiestas. Las palabras de Dellenback me hacen recordar la explicación que los antiguos jemeres del Sudeste Asiático daban a la idea de que ellos no habitaban dentro de los grandes templos de piedra, porque decían «la piedra es para los dioses, la madera es para la gente». En un futuro, nos advierte Dellenback, las generaciones que comprendan este concepto de las estatuas como pagos a la Pacha Mama, las ubicarán en el interior de las mismas, como es en Tierradentro.

La visita del Escultorpa Ilaqtan por parte de las comunidades indígenas colombianas y de las Américas, es vital para el enriquecimiento de las interpretaciones de las diferentes estatuas y de la cosmogonía indígena, que es la cosmogonía connatural de los pueblos originales. Los taitas ven las estatuas desde su propia espiritualidad y ello no implica que se deben marginar los estudios de corte occidental, pero se debe abrir siempre una participación diversa y respetuosa por todos los conocimientos en lo que constituye un patrimonio de la humanidad y yo diría, un patrimonio vivo.

Es importante rescatar las imágenes que han sido sacadas del territorio y llevadas a otros países, del cual el caso más conocido es el de las 35 estatuas que el alemán Konrad Preuss sustrajo irregularmente de Colombia en los años de 1930 para enriquecer sus exhibiciones en Berlín, hecho frustrado por la II Guerra Mundial. Afortunadamente, los bombardeos totales a Berlín no afectaron a las estatuas, pero éstas permanecen ocultas en las bodegas del Museo Etnológico sin que exista una voluntad política colombiana para pedir su repatriación después de más de 90 años de abandono en un país extranjero. Poco a poco nuestro país adquiere la consciencia por sus raíces ancestrales y cada vez más colombianos miran con interés sus orígenes y los legados que nos dejaron nuestros antiguos.

Referencias

Apu Qun Illa Tiqsi Wiraquchan Pachayachachiq Pachakamaq, conocido como el Dios de la Luz.

Dorso de la estatua del Dios de la Luz, la cual se halla en el bosque de Estatuas.

 
 
 

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